Romerelli: Hace 30 años descontaminando Chile

La actividad principal de este holding es reciclar chatarra ferrosa y no ferrosa, respetando el medioambiente y preocupándose en cada detalle que implique la naturaleza. Por eso su misión por más de tres décadas ha sido descontaminar Chile. Para alcanzar ese objetivo, con el tiempo se han ido adaptando a las necesidades del país.

“Una empresa que recicla, que va más allá de reutilizar o recuperar lo que muchos desechan, aumenta la vida útil de los productos y sus materias primas, disminuye la contaminación y reduce la huella de carbono”, afirma con orgullo Bárbara Romero, gerente comercial de Romerelli, compañía dedicada a gestionar chatarra ferrosa y no ferrosa. Los orígenes de la empresa se remontan a mediados de la década del ‘80, cuando Humberto Romero García, Ingeniero Civil Metalúrgico, después de muchos altos y bajos, se independizó y aprovechó sus conocimientos en metalurgia para reinventarse, tomando los desechos de las empresas y las personas para valorizarlas. Empezó con una bodega de 300 m2 en la calle General Gana en Santiago y con solo tres trabajadores. Tres décadas después ya cuenta con seis sucursales y 60 colaboradores, lo que les permite seguir cumpliendo el sueño que motivó el emprendimiento: que juntos descontaminemos Chile.

“Romerelli nació en busca de independización, de un hombre con ganas de emprender. Con el tiempo sus objetivos fueron crecer y ayudar a esta sociedad no solo en el medioambiente, sino que también en la parte social. Cuando uno se da cuenta que un grupo de personas depende de ti en el día a día, te mueve más, y sabes que si tú no sales a trabajar otros no tendrán que comer ese día, se vuelve más un trabajo social que medioambiental”, comenta Bárbara Romero, que además de desempeñarse profesionalmente en el área comercial de la empresa, es hija de su fundador. Agrega que los objetivos del holding son poder seguir creciendo y seguir aportando al medio ambiente en las distintas comunas y regiones del país.

La empresa se dedica a recuperar la chatarra que les llega o retiran, para luego procesarla y transformarla en materia prima para nuevos productos. Actualmente gestionan aproximadamente 60 mil toneladas al año recuperadas de recicladores base (domésticos) y de las Industrias Nacionales, aportando una reducción en la huella de carbono equivalente a 109 mil ton. de CO2 aproximadamente (este valor varía en relación a muchos factores). Un aporte “si consideramos que el CO2 es el principal causante del calentamiento global y que la recuperación de la chatarra y transformación contribuye de manera eficaz con la reducción de este”, señala la ejecutiva.

La recolección de Romerelli está enfocada en los materiales ferrosos y acero inoxidable, ya que según explica Bárbara, “es más fácil de manejar la trazabilidad de su origen de manera segura. Desde hace un par de años que trabajamos con aluminio y desechos industriales como bronce o cobre, pero siempre que podamos manejar la trazabilidad, de manera contraria, no lo compramos”.

Por el momento, están bien posicionados en la Región Metropolitana, Rancagua y Linares. Pero no descartan planes de expansión a otras zonas del país para el futuro. Hoy el material lo recolectan, clasifican, segregan y procesan, entregando un producto dimensionado para ser utilizado como materia prima directamente en los hornos de fundición. “Estamos exportando, pero también trabajando con la Industria Nacional, para poder aportar algo al país y que no se vaya todo al extranjero”, añade la gerente comercial.

El material procesado se va directo a los hornos de las fundiciones para transformarse en otros productos como fierro de construcción y bobinas, por nombrar algunos usos. “En la actualidad hasta los aparatos electrónicos dependen del material ferroso y no ferroso; los mismos celulares que ocupamos, están hechos con aluminio y acero, entre otros”, aclara Bárbara.

Materia de orgullo para la empresa es el aporte que hacen a la sociedad y al medioambiente, para lo cual comenta la gerente comercial, “se necesita dedicación y esfuerzo; tener gente comprometida con lo que hace y saber que cada hora de trabajo es un respiro a nuestro planeta”. Al interior de la empresa se vive la filosofía de su fundador: “cada obstáculo es una fortaleza, las crisis son oportunidades en esta vida, y hay que saber abrir los ojos y aprovecharlas”. Y así se han mantenido vigentes por más de tres décadas.

Seguramente será de esa manera también como enfrenten los cambios que derivan de la implementación de la Ley REP, “se ven grandes cambios y nuevos desafíos, esperemos que podamos seguir regularizando y creando cultura en la sociedad para que el reciclaje no sea solo una moda o una obligación, sino un hábito de vida”, resalta la profesional. En este sentido, comenta que sería ideal que todas las empresas del reciclaje pudieran estar unidas, para crear una sinergia tal como hasta ahora se ha hecho con la Asociación Nacional de la Industria del Reciclaje (ANIR), “pero con más actores se podrían lograr cosas grandes para el país y nuestro planeta”, concluye Bárbara Romero.

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